Hotel Pakyta

Poco o nada queda del antiguo hotel San José. Tan solo el emplazamiento, en lo alto de una colina desde donde se divisa toda la bahía, al final de la calle Correos, la arteria principal del pueblo. Al viejo caserío vasco se le aplicó un baño encalado pero la estética norteña persiste en los módulos cosidos entre sí primados por el entejado, la cubierta a dos aguas y la viguería oscura atravesando la fachada. Dentro ya es otra cosa.

De la pretérita propiedad ni rastro.El luminoso espacio del hall anticipa la refulgencia marmórea presente en todo el interior.

Paredes blanquísimas salpicadas por las pinceladas de cuadros marinos o por el efecto de unas plantas bien cuidadas. Y San José al fondo, impresionante a través de la imponente cristalera del primer salón.En un segundo nivel, otra pequeña sala con silloncitos alegres también frente al mar y la comunicación directa con el comedor igualmente invadido por la panorámica y el bar-cafetería, único reducto de la madera en su concepción más inglesa. No se admiten mascotas.